Brinda consejos prácticos para protegerse de ataques cibernéticos
En los últimos años, la ciberseguridad ha dejado de ser un tema exclusivo de especialistas en tecnología para convertirse en un factor determinante en la estabilidad económica de las organizaciones. Sin embargo, aún persiste una percepción limitada que la reduce a un asunto técnico, cuando en realidad sus implicaciones son profundamente económicas.
De acuerdo al docente investigador de la Facultad de Economía Internacional de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Dr. Herik Germán Valles Baca, el no contar con estrategias adecuadas de ciberseguridad representa hoy un riesgo financiero tangible, ya que un ataque informático puede detener operaciones, comprometer información sensible, generar pérdidas directas y afectar la reputación institucional. En términos económicos, esto se traduce en interrupciones en la productividad, costos de recuperación, sanciones legales y pérdida de confianza por parte de clientes o usuarios.
En contextos como el de las instituciones educativas —particularmente las de educación superior—, este riesgo adquiere una dimensión adicional. Las universidades no solo administran recursos financieros, sino también información crítica: datos personales, investigación científica, propiedad intelectual y sistemas académicos. Un incidente puede impactar no solo en lo económico, sino también en la continuidad de sus funciones sustantivas.
El especialista universitario dejó en claro que, desde una perspectiva económica, es importante entender que la inversión en ciberseguridad no es un gasto, sino un mecanismo de protección de valor. Así como una organización invierte en infraestructura o en capital humano, hoy resulta indispensable invertir en capacidades digitales seguras que permitan operar con confianza en un entorno cada vez más interconectado.
Por lo anterior, dio a conocer medidas concretas que empresas e instituciones pueden implementar sin necesidad de grandes inversiones iniciales:
* Fortalecer la cultura organizacional: Capacitar al personal en riesgos básicos (correos fraudulentos, contraseñas seguras, manejo de información) puede prevenir una gran parte de los incidentes. La mayoría de los ataques comienzan por errores humanos.
* Implementar controles básicos de acceso: El uso de autenticación de dos factores y políticas claras de contraseñas reduce significativamente vulnerabilidades.
* Respaldar la información de forma periódica: Contar con copias de seguridad actualizadas permite recuperar operaciones ante incidentes como ransomware.
* Actualizar sistemas y software: Muchas vulnerabilidades explotadas ya tienen solución, pero no se aplican por falta de mantenimiento.
* Definir protocolos de respuesta: Saber qué hacer ante un incidente (a quién contactar, cómo aislar sistemas, cómo comunicar) reduce tiempos de reacción y pérdidas económicas.
* Evaluar riesgos de forma continua: No se trata de un esfuerzo único, sino de un proceso permanente de revisión y mejora.
Adicionalmente, la colaboración entre instituciones se vuelve clave. Iniciativas impulsadas por redes como MetaRed y ANUIES han demostrado que compartir buenas prácticas y generar capacidades colectivas es una de las estrategias más efectivas frente a amenazas que evolucionan constantemente.
“La ciberseguridad no debe entenderse únicamente como una barrera tecnológica, sino como un componente esencial de la sostenibilidad económica. En un entorno donde los riesgos digitales son cada vez más frecuentes, la diferencia entre una crisis y una recuperación rápida radica, en gran medida, en el nivel de preparación; es por ello que hoy más que nunca, invertir en ciberseguridad es invertir en estabilidad, continuidad y confianza”, concluyó.