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Cada quién habla como le va en la cuesta

  • UACH
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  • Enero 22, 2021

Dr. Héctor José Martínez Arboleya

Profesor del Centro Universitario Parral

M.E. Javier Martínez Morales

Director del Centro Universitario Parral

En el imaginario colectivo, enero es el mes, financieramente, más complicado. El inicio del año supuestamente trae inflación que se combina con la falta de dinero provocada por gastos extraordinarios que se tienen en la temporada decembrina. Es común que los medios de comunicación reporten las enormes filas de las casas de empeño. Este rasgo de la cultura financiera es particularmente marcado (aunque no exclusivo) en países iberoamericanos y, por supuesto, México no es la excepción.

Sin embargo, hablamos de un imaginario porque para caer en la famosa “cuesta de enero” se asumen ciertos supuestos que no necesariamente se sostienen en la realidad. El primero, es que efectivamente enero es un mes en el que existe más inflación que en el mes inmediato anterior.

El segundo supuesto, es que las personas contaron con recursos extraordinarios en diciembre, quizás por un aguinaldo o algún otro tipo de ingreso extra (los cuales suelen venir de los empleos formales), y que realizaron gastos como una cena navideña o regalos para la familia que no realizan en otros meses.

En tercer lugar, aunque resulte obvio, se asume que enero es el mes más complicado del año y que a todas las personas les afecta por igual. Finalmente, se responsabiliza a los individuos por hacer un mal manejo de sus finanzas personales; es decir, se omite del análisis aspectos estructurales como la desigualdad de ingresos en los hogares en México.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH), en el 2018 en el estado de Chihuahua, los hogares pertenecientes al decil I recibían apenas el 2% de todo el ingreso, mientras que los hogares del decil X obtuvieron el 33% del ingreso; esto significó un ingreso de 17 veces más del decil X con respecto al decil I. En términos de ahorro (tanto formal como informal), sólo el 0.55% de los hogares pertenecientes al decil I pudieron ahorrar comparado con el 12.5% de los hogares pertenecientes al decil X.

También sabemos que en el estado, el ingreso promedio de ciertos grupos es marcadamente inferior. Por ejemplo, las personas con discapacidad, las mujeres, los hablantes de una lengua indígena o aquellos que sólo completaron la educación primaria, tienen ingresos significativamente menores.

Podemos imaginar que las cuestas de enero se viven de manera distinta. Para algunas personas puede significar la oportunidad de comprar barato aprovechando las ofertas en turno, tanto de los establecimientos comerciales como de los individuos desesperados por sobrevivir a estas fechas. Por otro lado, puede ser que enero no sea necesariamente el mes que más comprometa las finanzas de un hogar vulnerable. Agosto puede ser un mes complicado debido a los gastos asociados al regreso a clases; o en otros hogares, los mayores gastos pueden estar determinados por sus actividades productivas, por ejemplo si se dedican a la agricultura y se tienen que realizar desembolsos en ciertas fechas de acuerdo a las labores de cultivo.

Esto no quiere decir que la cuesta de enero no sea una realidad para muchos grupos poblacionales. Pero queremos dejar claro que millones de mexicanos viven y sobreviven permanentemente en la cuesta. Sin embargo, siempre es pertinente el fomento a la educación financiera.

Los consejos financieros que nos suelen dar en esta época aplican para todo el año, particularmente en tiempos del Covid, donde las finanzas de muchas personas se han comprometido severamente. Nunca están demás recomendaciones tan variadas como: identificar nuestra situación financiera, hacer un presupuesto y planificar nuestros gastos, ser consciente de nuestras verdaderas necesidades, hacer siempre una lista para ir de compras al súper, tener los créditos que realmente podemos pagar puntualmente, no contraer más deudas para solventar gastos (estas se vale contraerlas con fines de inversión), procurar ahorrar, aumentar los ingresos en la medida de lo posible.

Llevarlas a la práctica ya es otra cuestión. Sin embargo, tal toma de conciencia financiera por parte de los individuos, si no ha sido acompañada por políticas públicas que incidan en la desigualdad de ingresos, difícilmente tendrá resultados reales para los grupos menos favorecidos.

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